
Fue verte y cuestionarme la realidad de tus ojos. Me acerqué a ti con el temor de quien se acerca a la esfinge de
La Historia Interminable. Te pregunté: ¿Cómo es posible que tengas unos ojos tan grandes después de la niñez? Se detuvieron frente a ti tres hombres para admirarte y yo aún no encontraba respuesta. Se fueron de ti y yo seguía sin una hipótesis. Llevo un día pensando en ti, viéndote cada vez que cierro los ojos, imaginando tus gestos si pudieras salir de ese cuadro que a veces te aprisiona y otras te protege. Una jornada en la que por fin me rindo. Y mientras te cuelas en mis pestañas desahuciadas intuyo que quizá existen miradas sin explicación posible…