sábado, marzo 26, 2005

Sentido posesivo

A Kiki le parece saludable eso de compartir pareja, porque es una manera de destruir su dimensión social y violar los convencionalismos en los que se asienta. Pero al margen de aburridos argumentos más o menos intelectuales, Kiki disfruta con el sexo en grupo. Sin embargo, la vez que organizaron una cena en casa de Marie nada salió como esperaban.
Kiki llegó acompañada por su amante más regular en aquella época; un artista que la inmortalizaba en dibujos sucios hechos con carboncillo y le hacía el amor entre trazo y trazo. Un poco más tarde llegó otro chico, amigo de Marie. Cenaron y, sobre todo, bebieron. El desconocido había traído varias botellas de Chianti porque, según dijo, trabajaba en un restaurante italiano. Después empezaron a fumar. Fue entonces cuando la anfitriona encendió las velas, el incienso y apagó las luces. Acto seguido tapó los ojos a los chicos colocándoles sendos fulares a modo de vendas. La luz nocturna se filtraba por la ventana. Eso sugestionó a Kiki para que comenzara a escrutar el torso del desconocido. Entre susurros se desnudaron medio borrachos. Ellas les dieron a probar sus pechos, se la comieron y, por fin, les cabalgaron con furia. Los prolegómenos suelen ser más fáciles que el epílogo. Y así, después de abandonar la casa de Marie; Kiki, su amante y el tercero caminaron silenciosos hasta el número 279 de la calle Vaugirard. El metro ya no pasaba y el desconocido les pidió "asilo". Después de entrar en el apartamento el chico de Kiki la agarró del brazo y la llevó contra sí:
-No me ha gustado nada-, la susurró enfurecido. Ella lo miró fijamente a los ojos con el ceño fruncido. Se encerró en el baño y se cambió. Para cuando salió los chicos ya se habían acomodado. El extraño, tapado con una manta en el sofá y su amante, en el futón. Kiki introdujo las piernas debajo de las sábanas. Retiró el almohadón cuadrado de su lado y se tumbó bocabajo sin mirarlo a la cara. Luego apagó la luz. El artista se volvió contra ella. Kiki sentía la presión de su polla en el muslo.
-Ahora te vas a enterar-. Le dijo. Ella, aunque con actitud aparentemente indiferente, quería "enterarse". Más aún si era en presencia del otro. Pero no le iba a ser fácil porque ella se le escurría como pez esquivo. Él tuvo que emplear toda su fuerza para inmovilizarla. Después Kiki lo abrazó dócil. Enternecida por su instintivo ataque de celos, lo estrechó contra ella. Kiki no es que sea pervertida. Es que recela del senso del posseso por cuanto tiene de morboso y enfermizo.