lunes, marzo 07, 2005

El beso

Hay un montón de peña que lee en el metro, lo cual me resulta cómodo para observar a los guapos. Lo que es extraño es ver que alguien lea ante todos un libro de "La sonrisa vertical" sin ruborizarse. El viernes me sucedió. Era un chico de manos sugerentes y estaba de pie justo delante de mí. Esto me permitió adivinar de qué libro se trataba. Tenía una nuca apetecible, con un pendiente en el lóbulo de la oreja derecha, y un aspecto cuidado al máximo, con patillas finas que le enmarcaban el rostro. No se si fue por eso que pensé que era gay.
Me adentré en su lectura. La tía del libro se la mamaba a un tipo gordo mientras se introducía un consolador en el chocho. Reconocí al asqueroso personaje pasivo. Había utilizado ese libro en algunas ocasiones para leérselo a mis amantes mientras me penetraban. Por lo tanto, sabía cómo terminaba aunque eso en un libro erótico es lo de menos. El caso es que estaba tan embebida en mis pensamientos que me pasé la parada. Tampoco me importó; tan sólo llegaría a casa más tarde de lo previsto. En ese momento entró mucha gente en el vagón, por lo que me vi obligada a ponerme frente a él, muy pegadita a su cuerpo. Ya no podía seguir la lectura así que lo miré fijamente, recreándome en su boca. De repente sus ojos se clavaron en mí y lo sonreí complaciente.
-Cuando llegues al siguiente capítulo lo vas a flipar con la Marga- Le espeté. Me miró extrañado pero luego esbozó una leve sonrisa indulgente.
-¿Estabas espiándome?- Preguntó, divertido.
-Digamos que soy un poco curiosa- Dije a modo de disculpa. Eso le dio pie para proponerme ir a su casa.
-Sólo si me besas en condiciones- Le contesté al oído. El beso es la prueba de fuego para evaluar cómo se desenvuelve alguien sexualmente y como me gustó su beso, accedí. De gay nada. Al final acabamos follando al ritmo de Ramsteim. Un chico duro, you know?

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Si es lo bueno que tiene el transporte público, que una de cada 300 veces puedes encontrar a alguien interesante ¿o importante? Debe de ser que yo sólo me he desplazado 290 veces en metro y, claro, todavía no he tenido tanta fortuna, pero me das muchas esperanzas...

4:02 p. m.  
Blogger Jorge Sáinz said...

Un día conocí a una azafata en uno de mis múltiples vuelos transatlánticos de farsante. Ella era el sueño de todo hombre. Sus curvas rozaban mi mano, estratégicamente colocada en el apoya brazos, cada vez que se paseaba su insultante atractivo por el pasillo. A las cuatro horas de vuelo, ya no podía más, sentía una enorme presión en la zona noble de mi pantalón y su mirada me producía un terrible sudor frío, que recorría mi excitación sin apenas dejarme respirar.

continuará...

4:25 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

los links te ubieran quedado más "eróticos" con forma de pecho, ¿no?, puestos justo al revés

7:36 p. m.  

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